01/11/2009

Personajes para recordar en el Bicentenario. El Dr. Francisco Javier Muñiz

Francisco Javier Muñiz nació en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, el 21 de Diciembre de 1795. Era hijo de doña Bernardina Frutos y de don Alberto José Muñiz. En 1807, a los doce años, cuando apenas había terminado sus estudios primarios, ingresa en el Regimiento de Andaluces y pelea contra los ingleses en la segunda invasión cayendo herido en una pierna por un tiro de fusil en la calle de las Torres, hoy Rivadavia, tratando de impedir el avance de las tropas enemigas que avanzaban por esa arteria.
Una vez restablecido prosigue sus estudios secundarios en el famoso Colegio de San Carlos, donde el canónigo José León Benegas lo inicia en el secreto de la física y de las ciencias naturales. En 1812, cuando contaba con 17 años da muestras de virtudes literarias al ayudar a su maestro en la redacción de un manifiesto encomendado por la segunda Sociedad Patriótica. Esto indica que Muñiz está en cuerpo y alma con la fracción renovadora de la Revolución de Mayo, la morenista.
En 1814 ingresa en el Instituto Médico Militar, dirigido por el Dr. Cosme Argerich conforme al plan de seis años de curso aprobado por la Asamblea de 1813. En 1821 se recibe de facultativo. Colabora en dos excelentes periódicos de la época, el Ambigú de Buenos Aires (1822) y el Teatro de la Opinión (1823).
En 1824 se gradúa de médico cirujano ; al año siguiente es destinado, como cirujano, a la guarnición de Chascomús, bajo las órdenes de Lavalle. Aquí alterna sus labores profesionales con la del paleontólogo. Recoge, estudia y reconstruye restos fósiles encontrados en la laguna de la localidad. En 1826 es nombrado cirujano mayor del ejército. En oportunidad de la batalla de Ituzaingó tiene la oportunidad de distinguirse. En 1827 es designado profesor en partos, niños y medicina legal. Inicia brillantemente la enseñanza de esas especialidades en el país.
Sin embargo, en 1828, decide instalarse en Luján como médico militar y de policía, contrayendo matrimonio con doña Ramona Bastarté. El Partido de Luján en esa época era más extenso y abarcaba las actuales tierras del actual Partido de Moreno. Esta región, tan rica en depósitos fosilíferos, hace que Muñiz se entregue durante dos décadas a la tarea de sacar a luz todo un mundo extraño enterrado en las barrancas de los ríos Luján y De las Conchas (hoy de la Reconquista).
En 1841, Muñiz le envía a Rosas todo este material extraordinario, reunido en once cajones y clasificado en base a la obra de Cuvier. Pensaba en dar vida al Museo de Historia Natural de Buenos Aires. Sin embargo, Rosas resuelve donarlos a Europa durante el bloqueo anglo-frances. Una parte fue destinada, a través del almirante Dupotet a Francia. Allí dicha colección es estudiada por el sabio Paul Gervais, del Museo de París. La otra parte, fue a parar a Londres por manos del escritor inglés Wooddbine Parish, que residió varias veces en la Argentina.
Pese a ello, Muñiz vuelve a las barrancas lujanenses y reconstruye, ampliándola, su colección de fósiles que en 1857 tiene la satisfacción de depositar en el Museo de Buenos Aires. Entre otras especies halla y clasifica al Lestodon, al Toxodon, descubiertos por Darwin en su viaje a Sudamérica.
A Muñiz se le debe el descubrimiento del Arctotherium u “oso fósil” y el “tigre dientes de sable” o Smilodon, desenterrado en 1844, probablemente de las barrancas del río de la Reconquista, en las actuales tierras de Moreno que constituían por entonces el cuartel IV de Luján. Publica este hallazgo en la “Gaceta Mercantil” al año siguiente. En ese mismo periódico, también pasa inadvertida una excelente monografía sobre el Ñandú o avestruz pampeano, donde además de describir magistralmente a este animal, se extiende sobre los hábitos del gaucho y otros detalles de la vida campera de entonces. Finalmente, en 1847 termina su interesante obra Apuntes Topográficos del territorio y adyacencias del centro de la Provincia de Buenos Aires, con datos sobre geología, geografía, etnología y ecología locales.
Sus observaciones acerca de la vaca ñata son utilizadas por el insigne naturalista Carlos Darwin, quien le expresa su admiración por su obra científica y las condiciones precarias dentro de las cuales debió realizarla. Tras permanecer veinte años en Luján, los más fecundos de su existencia, retorna a Buenos Aires. Poco después vuelve a la cátedra de la Facultad de Medicina, como profesor en partos, enfermedades de mujeres y medicina legal. En 1859, mientras asiste a los heridos en la batalla de Cepeda es gravemente lesionado por un soldado.
Septuagenario, acuerda voluntariamente poner al servicio de la Nación su enorme experiencia de médico militar a fin de aprovecharla en la guerra del Paraguay, renunciando a todo sueldo, a pesar de su pobreza, gesto que el gobierno rechaza en esta última parte. Su concurso es inestimable tanto en el frente de batalla, como en los hospitales de Corrientes.
En 1871, con 76 años de edad, vivía en su casa de Morón. Aunque ya alejado del ejercicio profesional y de toda actividad, se presenta en la ciudad de Buenos Aires para colaborar contra la fiebre amarilla atendiendo a los efermos. Muñiz muere al contraer esta enfermedad, el 8 de abril de ese año.
No hay muerte más definitiva que el olvido. Tal vez el Bicentenario de Mayo nos peremitirá recordar y hacer merecido homenaje a este hombre que resaltó mucho por sus dotes humanas, como médico y científico durante los difíciles tiempos que le tocaron vivir. En Moreno contribuimos a recordarlo nombrando "Francisco Javier Muñiz" al Parque Ecológico y Museo de Historia Natural Municipal. Museo Geopalentológico de Sitio, que el 24 de octubre de 2010, cumplirá 20 años desde su creación.

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